Hay tantas cosas para extrañar, el cielo nublado del verano, las lluvias a veces copiosas, otras tenues. Entre Alcalde y Normalista se encuentra la Facultad de Letras, por supuesto, allí el olor es a libros, los pasillos siempre repletos de gente que sueña, no con el gran capital, pero si con la humanidad. Con los libros.
Me vine a probar surte de artista a esta ciudad tan llena de calles solas, tan ausente de peatones, acá parece que el uso de las piernas es casi impropio. Para nosotros los de Guadalajara es a veces un placer caminar otras una necesidad, pues no todos tenemos un coche. Pero aún así allá es permitido soñar y muy común caminar para los románticos, para los que todavía no vivimos muertos por querer y ambicionar más y más bienes materiales.
Aquí lo menos que encuentras es una hamburguesa con sus millones de calorías, estoy en USA, las Vegas NV, la ciudad es muy llena de luz, en el día por el sol, por la noche por tantas y tantísimas lámparas, reflectores y focos; pero ni un solo farol como en México, quisiera regresar, sí; pero no ahorita, acá viene a exponer y vender mi obra, mis cuadros, a escribir con letras en tintas de nostalgia, prosas y versos de añoranza. Regresaré tal vez con un kilogramo de currículo para ganar un poco de nombre, tal vez, con miles de kilómetros recorridos por luciérnagas que alumbren mis pasos, pero regresaré, y dejaré esta ciudad tan de carros lujosos, tan de hamburguesas, tan de cultura extraviada.
