Poeta en Las Vegas, NV. I


Hay tantas cosas para extrañar, el cielo nublado del verano, las lluvias a veces copiosas, otras tenues. Entre Alcalde y Normalista se encuentra la Facultad de Letras, por supuesto, allí el olor es a libros, los pasillos siempre repletos de gente que sueña, no con el gran capital, pero si con la humanidad. Con los libros.
Me vine a probar surte de artista a esta ciudad tan llena de calles solas, tan ausente de peatones, acá parece que el uso de las piernas es casi impropio. Para nosotros los de Guadalajara es a veces un placer caminar otras una necesidad, pues no todos tenemos un coche. Pero aún así allá es permitido soñar y muy común caminar para los románticos, para los que todavía no vivimos muertos por querer y ambicionar más y más bienes materiales.
Aquí lo menos que encuentras es una hamburguesa con sus millones de calorías, estoy en USA, las Vegas NV, la ciudad es muy llena de luz, en el día por el sol, por la noche por tantas y tantísimas lámparas, reflectores y focos; pero ni un solo farol como en México, quisiera regresar, sí; pero no ahorita, acá viene a exponer y vender mi obra, mis cuadros, a escribir con letras en tintas de nostalgia, prosas y versos de añoranza. Regresaré tal vez con un kilogramo de currículo para ganar un poco de nombre, tal vez, con miles de kilómetros recorridos por luciérnagas que alumbren mis pasos, pero regresaré, y dejaré esta ciudad tan de carros lujosos, tan de hamburguesas, tan de cultura extraviada.

Vida sin estrés XXIV

Está foto es de la serie: Vida sin estrés, el tipo es un personaje, es banda y muy simpático, le gusta la fiesta, el chupe y ustedes pueden imaginar que a la mera otras cosas más fiesteadas… pero dejemos en que él chupa y hace ambiente… y que la pasa pidiendo varo en una gasolinera de acá de Las Vegas, NV.

Vida sin estrés XXVI


El poeta se toma una foto


Un poco de auto-registro, o art-ego… Porque las fotos que he puesto suponen bien, yo las tomo… Sergio A.

Danza a Ometeotl



Tecnica: Òleo sobre tela
Autor: Sergio A. Martin del Campo




Un sueño, un viaje



Tecnica: Òleo sobre tela
Autor: Sergio A. Martin del Campo


Aquí está otro pintura, espero alguien la comente, pues de ella, sólo puedo decir lo que los colores y las formas ya dijeron en el lienzo.

Las ruinas circulares



Tecnica: Òleo sobre tela
Autor: Sergio A. Martin del Campo


Eso de lo cíclico en la vida es cuestión de muchas culturas, y la nuestra, la prehispánica es una de esas varias.

Rompí la puerta, me salí de occidente y emprendí el viaje hacia mi origen



Tecnica: Òleo sobre tela
Autor: Sergio A. Martin del Campo


Está pintura es cuando me escape de occidente, y sino vean las pinturas que tengo a la derecha, y verán que sí huí, y que ya llegué a mis orígenes, a mi cultura... a mis tradiciones.

Arrastrando quebrantos

Arrastrando quebrantos



No busco al que rompió
ni el que fue roto,
ni acaso lo deshecho.

Si pudiera encontrar
silencio sin orificios
luces que nunca sean encendidas ni apagadas.

Está ciudad no sería río
arrastrando quebrantos
con implacable desespero.


Sergio A. Martín del Campo

Alas desquebrajadas

Alas desquebrajadas


Se quebraron las alas
A lo lejos sólo se ve el quebranto
Quebradas y solas
Solas y desquebrajadas
Quedaron.


Sergio A. Martín del Campo

Al sur de los sueños

Al sur de los sueños


Has estado alguna vez allí.
A tus oídos los ha rozado el silencio.
Es difícil saberlo
y más cuando aún no se es una luciérnaga.

Qué cómo es una:
Son como el silencio poblado de luz
también tienen alas
aunque a veces las olvidan en sus casas
y entonces parecen humanos como cualquiera
Con robustas formas de apatía.

No te sobresaltes ahorita todas llevan sus alas y luces
pero por si acaso mantente atenta.
Y cuando sientas que has llegado al sur de los sueños
quizá ya sea de mañana y tengas que despertar...


Sergio A. Martín del Campo








Demasiado tarde

Demasiado Tarde



Había salido de regreso a casa apenas seis horas antes, venía recordando las palabras del abuelo y se imaginaba que algún día él, regresaría ha vivir a la tierra de sus padres, para darse tiempo de reflexionar del para qué existir; pero unos metros adelante, justo en Periférico y Colon ya lo espera la muerte vestida de accidente.


Sergio A. Martín del Campo

De chocolate


De chocolate



Cuando recorro las calles tan largas de está ciudad que no se cansa de crecer, y pareciera que uno anda encima de un gusano que se mueve, y se llega a creer que su movimiento nunca termina.
Te busco entre mi cráneo, y pienso que estás calles tan llenas de ausencia serían algo más que tolerables, si al andarlas nuestros pasos se acompañaran.
Entre los enormes cristales de las tiendas se me figura ver los ojos tuyos destellar y formar luces multicolores. Al andar encontré una nevaría y pedí un helado; tendrá sabor marycarmen con chispas de sus ojos y de barquillo los labios de ella. Me sonrió y me dijo sólo hay de chocolate y nuez. Aprisa respondí, del primero, y ya en mis manos le dibujé tu rostro.


Sergio A. Martín del Campo

El día en que por fin lo logró

El día en que por fin lo logró

Para: Simón Jiménez


Estaba escribiendo, eso dijo el forense. Y que murió de un paro cardiaco. Pues jamás había escrito un buen cuento, ni un final sorprendente.


Sergio A. Martín del Campo

Diacronía de México

Diacronía de México



Las investigaciones se habían iniciado, la sociedad avanzaba trémula, todo era incertidumbre, a qué hora habría de aparecer de nuevo el túnel.
Los resultados permanecían al resguardo del estado; si es que existían tales, pues, paso un tiempo prudente, cuanto, no se puede calcular. La situación o suceso dejo de ser hecho trascendente, o así convino que fuera.
Todo parecía volver a la normalidad, se instituía la educación pública, se impartía conocimiento general. La sociedad sin reflexionar el porqué de la acechanza del túnel. Asumía de nueva cuenta el énfasis doctrinario, el cual sobrecaía en culturas externas.
Todos o casi todos creyeron que no volvería a suceder, pues ya la experiencia anterior era cosa de ser tomada en cuenta como algo funesto para un país en construcción, donde la modernidad intentaba cubrir los rezagos, donde a toda costa se debía unificar una sociedad convergente en el progreso; sin etnias, sin dialectos, que turbaran al estado.
Prosiguió el tiempo y con el maduraron nuevos frutos, los cuales veían el túnel como antecedente histórico, como cosa de un ayer demasiado remoto y de poca importancia, eran tiempos de ideas europeas y sajonas. Todos eruditos, formados en filosofías de primer mundo.
Todo comenzaba a ser tan pragmático, que bastaba tan sólo saber un poco de ciencias exactas e historia universal y, muy poco, casi nada, de historia nacional, para después dar el salto a una formación especializante y formar parte del inmenso engranaje social, la funcionalidad se limitaba en ser: médico, abogado, ingeniero, etc.… y se conquistaba el existo.
Cuando por fin se logró que la democracia fuera el medio de elección gubernamental, la civilidad era el punto central de una nueva sociedad. Ajenos de si mismos sin percatarse se internaban en el túnel, para después, desaparecer por la oscuridad.

Sergio A. Martín del Campo

De cualquier forma vendrás

De cualquier forma vendrás




Piensas en algo que te acerque a ella, aunque sea por un instante.
En tu mano izquierda sostienes un papel y con la derecha tomas tu revolver y vuelas la tapa de tus sienes.
La nota del escrito se lee así: hoy vendrás y acercaras tu rostro al ataúd y sentiré que aún me amas.

Sergio A. Martín del Campo

Diagnóstico

Diagnóstico


Los diagnósticos eran desalentadores, el último gran científico no pudo resolver absolutamente nada, el pueblo perecía.
Nuestros gobernantes ya sin otra alternativa mandaron traer un brujo huíchol, ansiosiosos y esperanzadosle piden a este, de su veredicto.
El caso es grave dice y continua, señores, tres puntos. Primero, quítenle el pie del pescuezo al pueblo. Segundo, déjenlo respirar. Tercero y último, no sean tan cargados que si se muere..

Sergio A. Martín del campo

Luchas perdidas contra el destino


Luchas perdidas contra el destino



Soy como una luciérnaga
a la que le han cortado las alas.
Y allá por el suelo
me miro caído,
titiritando mi luz de tristeza.

Sergio A. Martín del Campo