Diacronía de México
Las investigaciones se habían iniciado, la sociedad avanzaba trémula, todo era incertidumbre, a qué hora habría de aparecer de nuevo el túnel.
Los resultados permanecían al resguardo del estado; si es que existían tales, pues, paso un tiempo prudente, cuanto, no se puede calcular. La situación o suceso dejo de ser hecho trascendente, o así convino que fuera.
Todo parecía volver a la normalidad, se instituía la educación pública, se impartía conocimiento general. La sociedad sin reflexionar el porqué de la acechanza del túnel. Asumía de nueva cuenta el énfasis doctrinario, el cual sobrecaía en culturas externas.
Todos o casi todos creyeron que no volvería a suceder, pues ya la experiencia anterior era cosa de ser tomada en cuenta como algo funesto para un país en construcción, donde la modernidad intentaba cubrir los rezagos, donde a toda costa se debía unificar una sociedad convergente en el progreso; sin etnias, sin dialectos, que turbaran al estado.
Prosiguió el tiempo y con el maduraron nuevos frutos, los cuales veían el túnel como antecedente histórico, como cosa de un ayer demasiado remoto y de poca importancia, eran tiempos de ideas europeas y sajonas. Todos eruditos, formados en filosofías de primer mundo.
Todo comenzaba a ser tan pragmático, que bastaba tan sólo saber un poco de ciencias exactas e historia universal y, muy poco, casi nada, de historia nacional, para después dar el salto a una formación especializante y formar parte del inmenso engranaje social, la funcionalidad se limitaba en ser: médico, abogado, ingeniero, etc.… y se conquistaba el existo.
Cuando por fin se logró que la democracia fuera el medio de elección gubernamental, la civilidad era el punto central de una nueva sociedad. Ajenos de si mismos sin percatarse se internaban en el túnel, para después, desaparecer por la oscuridad.
Los resultados permanecían al resguardo del estado; si es que existían tales, pues, paso un tiempo prudente, cuanto, no se puede calcular. La situación o suceso dejo de ser hecho trascendente, o así convino que fuera.
Todo parecía volver a la normalidad, se instituía la educación pública, se impartía conocimiento general. La sociedad sin reflexionar el porqué de la acechanza del túnel. Asumía de nueva cuenta el énfasis doctrinario, el cual sobrecaía en culturas externas.
Todos o casi todos creyeron que no volvería a suceder, pues ya la experiencia anterior era cosa de ser tomada en cuenta como algo funesto para un país en construcción, donde la modernidad intentaba cubrir los rezagos, donde a toda costa se debía unificar una sociedad convergente en el progreso; sin etnias, sin dialectos, que turbaran al estado.
Prosiguió el tiempo y con el maduraron nuevos frutos, los cuales veían el túnel como antecedente histórico, como cosa de un ayer demasiado remoto y de poca importancia, eran tiempos de ideas europeas y sajonas. Todos eruditos, formados en filosofías de primer mundo.
Todo comenzaba a ser tan pragmático, que bastaba tan sólo saber un poco de ciencias exactas e historia universal y, muy poco, casi nada, de historia nacional, para después dar el salto a una formación especializante y formar parte del inmenso engranaje social, la funcionalidad se limitaba en ser: médico, abogado, ingeniero, etc.… y se conquistaba el existo.
Cuando por fin se logró que la democracia fuera el medio de elección gubernamental, la civilidad era el punto central de una nueva sociedad. Ajenos de si mismos sin percatarse se internaban en el túnel, para después, desaparecer por la oscuridad.
Sergio A. Martín del Campo
1 comentario:
Perdiendo nuestra identidad... nos adentramos a este tunel de oscuridad. ¿Algún día nos daremos cuenta si vale la pena?
Le he dedicado tiempo a tu blog, así como tú le has dedicado tiempo al mío... gracias. Seguiré visitándote, pero no me voy sin antes decirte que a mis lunas puedes pasarte y servirte cuándo gustes.
Hasta nuevas letras!
P.D Me he tomado la libertad de añadirte a mis espacios recomendados.
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